DRAMATURGIA


POR GABRIEL GOLPE

MAMITA BUENA

DRAMATURGIA: GABRIEL GOLPE

 

Personajes:

Joven

Madre

 

Comedor de un pequeño departamento. Un ambiente desprovisto de todo. En las paredes están las marcas de cuadros que antes estaban colgados, ahora sólo se ven los clavos. Una mesa de madera en el centro del espacio, a su alrededor, tres sillas. Madre y Joven sentados a la mesa. A punto de cenar. Hay una botella de vino y una fuente enorme con polenta.

 

JOVEN: ¿A quién esperamos?

 

La madre está inmóvil. La mirada fija en la puerta de calle.

 

Silencio.

 

JOVEN: Podríamos empezar. Tengo hambre. (Se acomoda para agarrar los cubiertos, le echa una mirada fugaz a la madre, se detiene) De chiquito no sabía agarrar los cubiertos. No sabía en qué mano… estaba como… por tu culpa. Siempre esperaba que me dijeras cómo agarrarlos pero nunca me mirabas, ¿por qué nunca me mirabas? Siempre tenía un sueño recurrente, y era que vos me mirabas. Me hablabas y me mirabas. Tenías una voz hermosa en el sueño. Tan linda que no parecías vos. Eras otra mujer. Tan suave, tan delicada, linda… pero linda por dentro, linda de alma. No te vendría mal ser linda por fuera. Para compensar lo que te falta por un lado… (Intenta agarrar nuevamente los cubiertos, se detiene, la mira) ¿Me pariste con ganas? Quiero decir, cuando supiste que me tenías adentro, ¿te pusiste contenta?... yo creo que no, que más bien quisiste pincharme pero… (La madre vuelve la cabeza al joven. Él se paraliza, luego continúa despacio. Ella mientras vuelve la cabeza hacia la puerta) Porque matar a un hijo no está bien. Es algo espantoso. No por eso se dejó de hacer, ¿cuántas madres matan a sus hijos hoy en día? Vos debés ser una de las pocas con buen corazón. Dignas de vivir en una familia como ésta… yo estoy contento de estar acá, de vivir así… tan…muy… ¿comemos?

 

La madre no responde, mira la puerta.

 

JOVEN: Es como un papá noel. ¿Traerá regalos? A vos no tendría que traerte nada, por algo se fue. Pero a mí… a mí sí. Siempre me porté bien, no hice berrinches. ¿Vendrá con los renos? Vos eras como un reno para él. ¿Se querían? Yo también te hubiera dejado. Pero se ve que tengo buen corazón. Yo de chiquito… (La madre se mueve a penas en la silla, el se calla, la mira) maté a la tortuga. Le puse una foto tuya en la cabeza y le pisé el caparazón. Y la foto se había corrido y quedó mirando para arriba, entonces mientras yo la pisaba, vos me seguías mirando. Como decir que te gusta el dolor… ¿te gusta el dolor? Y vos pensabas que se había caído desde la terraza. Siempre estabas en otro mundo, qué bueno que sos otra. Miro hacia atrás y no te reconozco. ¿Brindamos? ¿Brindamos por tu…? (Agarra una botella de vino, sirve para los dos, la mira) Salud, paz, amor y trabajo. Salud primordialmente y fuera los pensamientos malos. (Silencio. Toma él solo) ¿Se toma caliente? Porque no me gusta caliente. ¿No puede ser con hielo? (Agarra el vaso de la madre y se lo toma de un sorbo) Este estaba mejor. Sos afortunada, eh. Hasta con el vino tenés suerte. Yo ya estoy acostumbrado a sufrir, es mi destino. Ni siquiera el vino está de mi lado. Eso debe ser bueno para vos. Que todo te salga bien. Estás completa. No te falta nada. Me alegro por vos. (La madre tose) La tortuga no se moría más… y eso que tenía como unos cien años… vos debés ser igual, vas a vivir unos cien años también. Pero no creo que tenga tanta paciencia. Te voy a terminar pisando antes, lo sé. Es que ahora te quiero, pero después me hacés odiarte. ¿Comemos?

 

La madre vuelve a toser. Está vez da la sensación de que va desarmarse sobre la silla.

 

JOVEN: Estaba pensando en vender todo y después irme a la mierda. Unos mangos voy a sacar por esto. Quiero ir a Mar del Tuyú. Una casita ahí, cerca de la playa. Qué veranos pasamos en familia. A vos mucho no te gustaba la playa. Que la arena te raspaba, el mar estaba sucio, el sol te quemaba… ¡y sí! Estabas en la playa. (Agarra los cubiertos, come) Cuando fuimos al muelle, yo quise tirarte al mar. Ese día estaba picado. Había tormenta eléctrica. Quise tirarte y que te pegue un rayo en el medio de la cabeza y que te saquen finita como una raya. Pero en ese momento pesabas unos cuántos kilos más que yo. Yo estaba flaco a los seis años. Me dabas poca leche, poco nestún. Si no hoy serías una especie más de la costa atlántica. Por pensar en vos te perdiste…está rico. Y mientras estabas en el mar yo te puse un agua viva en el toallón. Quería que te picara una teta, pero se te prendió de la cara. No viste por quince días. Claro, si eso fue el primer día. Ciega y todo no te quisiste caer del muelle. Sos fuerte como el roble. (Le hace el avioncito y le mete comida en la boca, mientras la madre sigue mirando a la puerta) ¿Y dejarte en la ruta? Como si fueras un perro… que te mueras de hambre. (Le hace el avioncito y le mete más comida en la boca) Que te conviertas en la loca de la ruta y te termine pisando un camión de alguna estación de servicio y que al llevarte puesta, intente esquivarte y choque con otro auto y explote todo… que se incendie la ruta, toda la ruta y el campo también y vos no tengas manera de salvarte. Se te prende fuego la ropa, el pelo, se te queman los ojos. Está rico, ¿no? (Le mete más comida en la boca) Esto me hacía falta de chiquito. Y si llegabas a salvarte, que el fuego también llegara a la ciudad y te agarrara adentro de tu casa, rezando para que no te encuentre. Y si no te encontraba… ¿querés más?... iba a electrificar todos los picaportes de la casa. Pero bueno, (Le mete comida en la boca) cuando cumplí los quince me pusiste un vestido muy lindo, tan lindo que me hacía mujer… tan lindo que me olvidé por esa noche de que desaparezcas. Vos querías tener una mujer, ¿no? Tal vez tuviste esperanzas hasta el parto, ¿en ese momento se podía saber si era nene o nena? Vos quisiste esperar, pero te salió mal. Igual el vestido me encantó… (Le mete más comida en la boca) los zapatos me apretaban un poco, ¿viste? Ese afán tuyo de hacerme calzar como vos. Le dediqué las velas a quien se lo merecía, la lista fue hecha por vos. A la vieja de mierda de la abuela no se la hubiera dado, nunca me hizo un regalo en su puta vida. Y al tío Néstor, borracho. A esa edad uno hace lo que dicen los grandes. (Le mete más comida en la boca). Yo tenía una pollera tuya cuando entró a la habitación y me vio. Vos estabas peinándome la peluca, me hablabas de las muñecas de porcelana. Y a mí me picaba un huevo. Y no podía rascarme porque estabas vos. Ahí pensé en arrancarte el peine de la mano y clavártelo en el cuero cabelludo, y que tu cabeza se convierta en un volcán. En aquel momento yo leía mucho de volcanes. (La madre tose, él la mira, le mete más comida en la boca) Sos angurrienta. Como vos me hablabas y me hablabas, no escuchamos la puerta de calle. Ni siquiera cuando dejó las llaves sobre la mesa de vidrio y mucho menos cuando caminó hasta la pieza. Abrió la puerta y nos miró. Se quedó duro, pobrecito. Vos te echaste a reír. Y yo a llorar. El peine quedó enganchado de la peluca y así me quedé. Con esa pollera hasta la rodilla y los pelos de las piernas que se asomaban. Maricón, me gritó y vos te reíste aún más. Y me señalabas con el dedo. Y también me dijiste maricón. Te hacías la viva pero de repente el habló. Vos callate, puta trastornada. Seguí peinando a tu hijita. Y lo dijo con lágrimas en los ojos, yo lo vi. Casi no podía contenerlas. Esa mentira de que los hombres no lloran. Yo lloraba, lo que pasa que con el vestido y la peluca ya no era un hombre. Vos te fuiste como una idiota atrás de él, llorando porque sí, estabas llorando. Pensabas que no lo sabía. Yo escuché todo. Aunque me hayas dejado encerrado un mes adentro de esa habitación, sin comida, sin agua y con un vestido y una peluca con un peine enganchado. Yo sé todo, escuché todo. Quería que te ahogaras con tus propias lágrimas, que se te inundaran los ojos y quedaras ciega y sin querer metieras la cabeza adentro del horno encendido y te quemes hasta el cerebelo. (Le mete comida en la boca) Y yo, en aquella pieza oscura hubiera sido feliz. ¿Por qué no me hiciste feliz? ¿Me pariste porque querías? ¿Es eso? ¿Me querés? Con él te arrastrabas, estoy seguro que te agarraste de sus tobillos como una piraña para que no te dejara. Pero te dejó. Le habrás rogado que no lo hiciera, le habrás mentido. Seguro que le dijiste que lo querías, pero si vos no querés a nadie. Nunca quisiste a nadie. Menos mal que no te creyó. Le habrás besado el cuello. Mientras te decía puta. Sí, yo escuché todo. No te sorprendas. (Ahora él come un bocado, se hace el avioncito). El amor es así, triste y doloroso. No va a volver. (La madre tose) Papá… (Ella vuelve la cabeza hacia él) no va a volver. Está rico (Le mete más comida en la boca) Como la tortuga… que se resistía, cien años… ¿pensás llegar a los cien años? Es mucho, es una mezcla entre tu voluntad y mis ganas. Esa tortuga tenía la fuerza de los derrotados, como vos… la indiferencia, la insoportable calma, nunca tenías la menor ansiedad… sos como ese mar de verano pero sin rayos, sos esa ruta sin fuego, esa peluca sin peine, esa pollera sin piernas… estás calma, desierta, quieta, sola… si no te conociera diría que estás enferma. ¡Qué voluntad!… pero yo no te voy a dejar… vos me vas a tener que dejar a mí. Me gusta tu indiferencia. Claro, esta vez sin pisarte el caparazón. Mamita…

 

La luz baja lentamente. La madre cae al piso desde la silla, mientras escupe toda la comida. El joven se sirve vino, brinda en honor a su madre.           

 

Gabriel Golpe nació en Buenos Aires en 1987. Se formó en dramaturgia con Mauricio Kartun, Ricardo Halac y Patricio Abadi. Actualmente cursa el seminario de dramaturgia dictado por Javier Daulte. Como actor se formó en la Escuela de Formación Actoral de Agustín Alezzo. En entrenamiento actoral con Patricio Abadi, Heidi Steinhardt y actualmente con Mariana Obersztern. Estudia el último año de la carrera de Producción y Creatividad Radiofónica en la Escuela Terciaria de Estudios Radiofónicos.

Es organizador, junto con dos actores, de la varieté "Puchero" en el teatro El Gran Crespo. Y también coordina, junto con Melisa Melcer, la varieté "Ciclo Camaleón" en el Centro Cultural Duende Cretino.   Actor, director y dramaturgo de "De Memoria" que formó parte de la programación de Vera Vera Teatro.  Estrenó dos obras breves para el ciclo "Proyecto Suiza", coordinado por Lisandro Rodríguez y Maruja Bustamante. Como docente dicta clases de actuación y dramaturgia.  Escribe radioteatros para un nuevo programa de Argentores en Radio Ciudad. Y se desempeña como asistente de dirección en la obra "El desvelo, creación colectiva” dirigida por Hernán Morán y María Lía Bagnoli; en el teatro Abasto Social Club. También es asistente de dirección en la obra “Urdinarrain” bajo la dirección de Hernán Morán, teatro La Carbonera, con fecha de reestreno en Mayo 2010.