POEMAS


POR ANA CABALLERO

I

Me desperté y todos todos

estaban muertos

todos los que me

quisieron o eso

decían

todos muertos.

Primero me dije; esto es la vejez.

Después juzgué que quizá

debiera pensar: es como

si todos estuvieran muertos.

Y no. Quizá sea: es como

si yo, yo misma, estuviera viva.

 

II

Como si lo real

golpease a

distancia

de paisaje

y la cabalgata no

incluyese

el cambio de

bestia.

Camino.

 

 III

Pero veo un cielo con cicatrices.

Por mi extremo sur

el suelo emigra.

Y sí.

Cuando no descansa

en la forma

la luz daña.

Vuelvo a alistar

la espera

pertrechada en el sitio

donde reaparecerá la caza.

 

IV

Pruebo decirte:

me sentía como quien

arranca árboles del camino

como si fuera la radicha de los campos

y no nada de verde entre los dedos

que entrelazaban los minutos con el

canto rodado

escurridizo

que temblaba fulgores con el sol

poco

en esta tierra

en este lugar

donde he quedado

varada

como un tractor en desuso

al sol

claro

como si de golpe viniera

en una siesta

una pandilla de escolares

a jugar a la antigua herramienta.

 

V

La tarde se va posando cautelosa

tenue en el día hinchado de sol

y vuelve difuso el contorno del tiempo

que debiera ser presente

y no. Es un entrelazado de memorias

en el que ciertos olvidos no cerrarán.

 

VI

Camino una calle

hay contornos.

Doblo tras una sombra

y los bordes se borran.

Atino a ver que sólo

la sombra

y no la mía

me es solidaria.

 

 

VII

Con cada día emprendo

un nuevo viaje

desde mi yo, la imagen de mí

y vuelvo cada vez

con una máscara distinta

a habitar

la estampa de

la niña que fui.

 

VIII

Salto de edad en edad

y con rabiosa inocencia busco

urdir una trama

donde

la vida quiera

convidarme

a un almuerzo

campestre.

 

IX

Miraba la calle sin

veredas y

no pasaba nadie.

Sólo el susurro de

los paraísos quietos

y el vislumbre

de flores blancas

de ciruelo en un

ángulo donde debiera

estar la puerta.

Y oí una charla bajo

la alta ventana.

Me subí a ver

quienes así tramaban

riendo

alguna secuencia de

sus días. Y no ví a nadie.

Nomás el eco

era lo que me llegaba.

Y siempre el eco

bajo las ventanas

tampoco mías.




 

Ana Caballero nació en Buenos Aires en 1940. Ha publicado las siguientes obras de teatro: Madre Nitrato (1984); Seis salchichas son seis centavos (1986); La inocencia del deseo (1987) –Mención Fondo Nacional de las Artes–; Deuda de amor  (1990) –Segundo Premio de la Asoc. Argent. de Actores (1992)–; Ensayo en la arena (1993), Rural's Flippers (1994);  Gente con flojera (1995); Ensayo en la arena (1997):  El ama (2003); El elegido (2004). En colaboración publicó 50 años de la lengua en tierra argentina; Hambre de amparo (1997); y Limpio de espera (1998), poemas